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La agricultura hoy

Actualmente, la agricultura es un motor fundamental de la economía nacional. La diversidad y calidad de sus productos que hoy llegan a los más diversos destinos en el mundo, la sitúan en un lugar sobresaliente.
El sector agroalimentario produce el 10% del Producto Interno Bruto (PIB), emplea más del 10% de la población económicamente activa y las exportaciones alcanzan cerca de un 25% de los envíos totales.
Existen múltiples factores que han contribuido al notable desarrollo de nuestra agricultura.

Uno de ellos tiene indudablemente su origen en las profundas transformaciones que hace más de 50 años realizaron quienes lideraron la Reforma Agraria. Un proceso sin precedentes en nuestra historia, que a pesar de sus costos sociales y políticos, logró erradicar, de manera definitiva e irreversible, el sistema latifundista que imperaba en el campo chileno y su efecto sobre la calidad de vida de los campesinos.

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Condiciones previas al proceso

A mediados del siglo XX, Chile se caracterizaba por una alta concentración de la propiedad agrícola.

La explotación agrícola, que representaba el 4% del total de predios, ocupaba el 79% de la superficie del país.

En 1960 la población rural superaba las tres millones de personas, constituyendo más de un 30% de la población activa del país.

La mayoría de los campesinos trabajaba en grandes haciendas, en condiciones de pobreza y precariedad.

A estos trabajadores se les llamaba “inquilinos” y solo el 25% de su salario se cancelaba en dinero. El resto se imputaba a regalías o especies.
Los inquilinos vivían con sus familias en el mismo predio del dueño del fundo. En su gran mayoría, las viviendas campesinas eran chozas con piso de tierra, en extremo precarias e insalubres.

Se trabajaba de sol a sol sin paga adicional, mientras que el trabajo infantil no remunerado era una práctica habitual.

Los niveles de analfabetismo, que en sectores urbanos alcanzaban un 12%, llegaban a un 35% en los sectores rurales.

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La antesala

En el plano internacional, la guerra fría dividía al planeta en dos grandes bloques. Inmerso en este contexto, Chile iniciaba su desarrollo industrial, con tierras improductivas y relaciones de explotación semi-feudales en su agricultura. La incorporación del mundo rural al desarrollo nacional se hacía cada vez más indispensable.

En 1962, el primer acercamiento a la Reforma Agraria la realiza el Presidente Jorge Alessandri al promulgar la ley 15.020.

Previo a la promulgación, la iglesia católica brindó un valioso ejemplo entregando cinco haciendas de su propiedad a los campesinos, para transformarlas en Cooperativas Campesinas.

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Reforma agraria

Pero es a partir de 1964 bajo la presidencia de Eduardo Frei Montalva que la Reforma Agraria se despliega decididamente. Los objetivos de la Reforma eran:

  • Terminar con el sistema de latifundio
  • Mejorar los niveles de vida de la población campesina
  • Aumentar la producción agropecuaria y la productividad del suelo
  • E incorporar al proceso productivo del país a la gran masa campesina

Luego de un extenso debate, la ley 16.640 se aprobó por amplia mayoría y fue promulgada el 28 de julio de 1967. Esta nueva normativa permitía avanzar y concretar la expropiación del latifundio y de las tierras mal trabajadas, para entregarlas a los campesinos organizados.

Para llevar a cabo estas transformaciones, se fortalece la institucionalidad reestructurando los organismos dependientes del Estado, como la Corporación para la Reforma Agraria (CORA) y el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP).
Paralelamente, se promulgó la Ley de Sindicalización Campesina, que permitió pasar de 24 sindicatos con 1.684 socios existentes en 1964, a 400 sindicatos con más de 100 mil socios.

Los campesinos de los predios expropiados pasaron a ser parte de los Asentamientos, pensados como organizaciones transitorias, donde al cabo de tres años optaban por parcelas individuales o cooperativa asignataria o mixta.

Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, el proceso de Reforma Agraria se aceleró y profundizó, pasando de 1.400 a 4.400 los predios expropiados, con una superficie de 6,5 millones de hectáreas.

También se duplica la fuerza sindical campesina, con más de 200 mil afiliados. Los sindicatos pasaron a ser Confederaciones Nacionales apoyadas por el Estado, lo que permitió a los campesinos obtener un notable aumento de sus salarios y calidad de vida, además de transformarlos, por primera vez, en protagonistas de la política nacional.

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Logros y dificultades

En menos de una década, amplios sectores del mundo campesino, que habían permanecido inmutables durante siglos, vivieron una serie de cambios sin precedentes.
Con la expropiación de casi 10 millones de hectáreas, el viejo orden latifundista que había prevalecido por más de 400 años había llegado a su fin:

  • Se estableció la jornada de ocho horas en las faenas agrícolas
  • Los salarios mínimos agrícolas se igualaron con los industriales
  • Se crearon numerosos Centros de Capacitación
  • Creación de los CEMA o Centros de Madres, que permitieron a la mujer campesina abrirse a nuevos horizontes, sacándola del nivel de aislamiento e invisibilidad en el que se encontraba
  • Construcción de cientos de escuelas rurales y miles de viviendas dignas para los campesinos y sus familias, entre otros

No obstante estos logros, la Reforma desde sus inicios enfrentó dificultades. La expropiación de tierras provocó resentimiento entre muchos de los antiguos terratenientes, generándose un clima de polarización, enfrentamiento y violencia entre los diversos actores políticos y sociales que apoyaban o rechazaban la Reforma.
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Golpe militar y contrarreforma

No son pocos los que señalan que, dado el ambiente generado en la época, se fue gestando lo que años más tarde sería el golpe de Estado en 1973, que puso fin al proceso de la Reforma Agraria.
La dictadura ejerció una fuerte represión contra los campesinos e indígenas, imponiendo una contrarreforma mediante la devolución y reprivatización de una parte de las tierras expropiadas:

  • Un tercio de las tierras expropiadas fueron devueltas a sus antiguos propietarios
  • Otro tercio fue asignado a campesinos beneficiados por la Reforma, marginando a miles de sus dirigentes.
  • Y el otro tercio fue rematado, creándose un nuevo estrato campesino: los asignatarios de la tierra o parceleros.

Un número importante de estos parceleros se vieron obligados a vender sus tierras al no contar con el apoyo del Estado en términos de créditos y capacitación.
No obstante el freno y el cambio abrupto que el golpe militar produjo en este proceso, la Reforma Agraria había alcanzado un punto desde el que no era posible volver atrás.
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Hoy muchos de los hijos y nietos de la Reforma hacen un valioso aporte como pequeños y medianos productores, en distintas áreas del desarrollo agropecuario del país.